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La rebelde Diane Arbus

Una cámara, un instante robado al incesante tiempo, un canon roto de un cuerpo accidentado que demuestra que nadie puede dominar la belleza, que es libre y salvaje como la autora. La fotógrafa Diane Arbus (1923 - 1971) nació en Nueva York un 14 de marzo de 1923, en el seno de una familia judía acomodada de la gran manzana. Desde muy joven ya hacía visible su inconformidad de su posición adinerada y de los constructos sociales de su círculo creados alrededor de la próspera tienda familiar en la Quinta Avenida. #dianearbus

 

Retrato de Diane Arbus. Ilustración por Manuel De La Fuente / manuelsart.com

Diane Nemerov, conocida como Diane Arbus, desde joven huyó de su entorno hermético. Su rebeldía se hizo palpable desde antes de la llegada de su adolescencia. “¡No sabía que era judía cuando era una cría¡ ¡No sabía que era desafortunado serlo! Como me crié en una ciudad judía y en una familia judía, y como mi padre era un judío rico y yo iba a un colegio judío, adquirí un firme sentido de irrealidad. Lo único que sentía era mi sensación de irrealidad”, afirmaba la fotógrafa. Sus padres, David Nemerov, era un judío polaco y su madre, Gertrude Russek, habían logrado crear un imperio en la industria de la moda de pieles, Russek´s. Gracias a esto, sus hijos Diane, Renee y Howard lograron formarse en las artes. La familia siempre estuvo interesada en este ambiente artístico. Howard fue un poeta laureado y alcanzó un gran estatus como escritor. Diane se interesó desde pequeña por la fotografía de moda, su primer contacto directo gracias a la empresa paterna.


“Lo que notas sobre la gente es el defecto”, decía Diane Arbus. Porque ella es el claro ejemplo de que el alma de un artista y su posterior trabajo se construye desde su historia personal, su entorno más directo, la familia, las circunstancias que le rodean, los problemas no resueltos, las heridas y la educación recibida, con los modelos que sigue y la percepción del todo, hacen al autor.


“Teenager with a baseball bat, NYC“. Fotografía de © Diane Arbus, 1962.


La fotógrafa, condicionada por su educación y confundida, conoce otras realidades y desea irse muy pronto del entorno familiar, ella no estaba de acuerdo con esa vida, no era feliz en ese mundo irreal en el que había nacido. Con solo 14 años conoce a su futuro marido Allan Arbus, con el que se casaría a los 18 años recién cumplidos, para así poder hacer juntos su camino. La cámara era su vía de escape y su forma de ganar el sustento dentro de la moda. Aprendió a fotografiar gracias a Allan, desde 1940 las fotografías de moda para revistas como Esquire, Vogue o Harper’s Bazaar fueron su principal trabajo aunque no era lo que más le gustaba. La pareja tuvo dos hijas, Doon en 1945 y Amy en 1954.


“Child with a toy hand grenade in Central Park, N.Y.C.“. Fotografía de © Diane Arbus, 1962.



La independencia en su estudio

Diane y Allan Arbus lograron fundar su propio estudio en 1945. Hay que destacar que ella ya demostró su independencia en algo relevante para esa época, al lograr registrar su nombre en el título del estudio. Diane Arbus era una mujer con una actitud decidida, y no solo detrás del objetivo de su cámara. Desde el estudio realiza más de 250 fotos para más de 70 artículos en revistas, contratos de agencias de publicidad, la dirección artística e imagen del negocio paterno, más otros grandes clientes. Ella empieza a publicar sus fotografías de forma independiente, y rápidamente fue reconocido su trabajo: la Fundación Solomon R. Guggenheim le concedió una beca para seguir su camino y desarrollo como artista.

“Quiero fotografiar lo que es maligno” decía Diane Arbus. La fotógrafa neoyorquina desde su estudio y el trabajo inicial para la prensa y revistas no podía desarrollar completamente su ideario. Estos primeros años los encargos les permitían subsistir económicamente, pero no eran de su agrado. Alguna de esas fotografías se han convertido en iconos de la América contemporánea y de la historia de la fotografía. La diversidad de los temas en los reportajes que fue realizando ofreció una amplia visión del talento de Diane Arbus: retratos de personas desconocidas, de personajes en su tiempo, reportajes sociales, moda infantil, y ensayos fotográficos que subtitula o firma como El viaje vertical, El círculo completo, Augurios de la inocencia …


“Siempre había creído que los pintores sentían la imagen mucho más que un fotógrafo, porque trazaban cada línea sobre un lienzo, y eso me molestaba.” — Diane Arbus

Arbus desde 1950 desarrolla un trabajo más complejo. “Freaks ha sido lo que más he fotografiado. Fue una de las primeras cosas que fotografié y ha sido terriblemente motivador para mí. Simplemente, solía adorarlos. Aún adoro a algunos de ellos. Con esto no quiero decir que sean mis mejores amigos, ellos me han hecho sentir una mezcla de vergüenza, temor y asombro. Existe una especie de leyenda acerca de los freaks. Como esa persona que en un cuento de hadas te detiene y te exige que resuelvas un acertijo. La mayoría de la gente se pasa su vida temiendo pasar por una experiencia traumática. Los Freaks nacieron con sus traumas. Ellos ya han pasado su prueba. Son aristócratas.” comentaba la fotógrafa sobre su trabajo.


“A family one evening in a nudist camp, Pa.“. Fotografía de © Diane Arbus, 1965.

Es a partir de esta época cuando muestra interés por plasmar otro mundo, otra belleza, otra forma de mirar. En representación de su libertad, rebeldía e inteligencia y segura de su filosofía de forma de vida salió a buscar un mundo irreal y fantástico fuera de los cánones establecidos. Redefine las fronteras de lo que se puede capturar por el fotógrafo y desafía los conceptos de belleza y anormalidad.

En esa época Arbus cobraba la mitad que sus compañeros por el mismo trabajo, un hecho que no ayudó en las inseguridades de la fotógrafa. Muchas veces inestable en sus estados emocionales. Era una persona muy sensible. Pero aun así, era fuerte en su convicciones, actuó en la vida a contracorriente fuera de las reglas sociales, morales e incluso artísticas ya establecidas. Porque Arbus odiaba la falsedad que generaba la máscara que se ponía la gente para parecer ser lo que no son, con su cámara quería derribar y despojar a los retratados de esta. Quería mostrar la realidad tal y como era. En aquella época sufrió por parte de la sociedad una incomprensión ante su actitud y sus fotografías.


“A young man in curlers at home on West 20th Street“. Fotografía de © Diane Arbus, 1966.


El tiempo del cambio, la cara oculta


Diane Arbus de 1955 a 1957 estudió fotografía con la fotógrafa austríaca Lisette Model, gran influencia para ella y su trabajo. “Hasta que estudié con Lisette, yo soñaba con fotografiar en lugar de hacerlo. Lisette me aconsejó disfrutar cuando fotografiaba, así que comencé a hacerlo, y después aprendí a disfrutar del propio trabajo de fotografiar. También me advirtió que me sentiría culpable por ser mujer…, culpable porque nunca creí que podría llegar a comprender la mecánica de la cámara. Siempre había creído que los pintores sentían la imagen mucho más que un fotógrafo, porque trazaban cada línea sobre un lienzo, y eso me molestaba. Lisette me habló de cuán antigua era la cámara fotográfica y de que la luz imprime una imagen en la capa de plata de la película, al igual que lo hace la memoria.” afirmaba Arbus sobre Model, que la enfocó hacia nuevas técnicas y formas de trabajar. Mirar con otros ojos, ver de diferente forma.


“Viva at home“. Fotografía de © Diane Arbus, 1968.


La infidelidad de su marido y su separación en 1959 fue un punto de inflexión en la fotógrafa neoyorquina: un momento devastador para ella, pero magnífico para su obra. Porque es a partir de 1960 cuando su carrera es más prolífica y rica. Recibe influencias de otros colegas con los que estudia o conoce: Berenice Abbott, Robert Frank, Louis Faurer o Alex Brodovitch. Esta década Arbus recorre los barrios de estratos sociales más marginales de Nueva York y comienza su leyenda, toma instantáneas a gente que está en la cara oculta para la sociedad, mal llamados Freaks.

En su amplio legado fotográfico vemos su atracción por los laterales ocultos de la vida, la gente del extrarradio, fenómenos de la naturaleza, trabajadores de circo, prostitutas, chulos, gigantes, travestidos, deficientes mentales, drogadictos o adictos a cualquier sustancia. Cuando en aquel momento el fotoperiodismo era el movimiento más importante dentro de la disciplina, Arbus no solo quiso encuadrar una realidad, como hicieron los grandes talentos del momento: Cartier-Bresson, Elliott Erwitt, Irving Penn o Richard Avedon.

“Female Impersonators Backstage“. Fotografía de © Diane Arbus, 1962.


La fotógrafa utilizó de forma pionera el flash de relleno en el espacio natural, sacaba de la oscuridad aquello que podía pasar desapercibido. La luz se ocupaba de extraer todos sus detalles. Precursora del formato medio y que los personajes mirasen directamente a cámara. Siempre en blanco y negro y con un meticuloso trabajo de posados y construcción del entorno.

Diane Arbus tenía un aparente aspecto descuidado, en ruptura con lo establecido como ocurría con sus obras. A pesar de su reputación artística, tenía carencias económicas, porque las editoriales y medios de comunicación fueron reticentes en su época a publicar en sus páginas las fotografías. Pero el trabajo de Arbus fue adelantado a su tiempo, utilizó su cámara como herramienta para hacer la diferencia. Para enseñarnos que existen otros caminos. Hoy lo diferente es incluso una moda, pero en la época de Arbus era solo un nicho marginal para los desahuciados sociales y sus diferentes formas. Sus fotografías en blanco y negro marcan una atemporalidad, su contraste remarca la soledad de los individuos, la profundidad del lado oscuro frente a la luminosidad de lo llamativo de la extravagancia. Lo diferente como norma, ser aceptados y amados por ser únicos. Las obras de Arbus nos penetran como las miradas de los personajes captados, nos desnudan del fanatismo por lo establecido, para aceptar las diferencias y reconociendo en ellos nuestras semejanzas.

“Tattooed Man at a Carnival“. Fotografía de © Diane Arbus, 1970.


Aunque se negara en su momento incluir su obra en la cultura norteamericana su profunda muestra de desterrados del paraíso fue el reflejo más fiel de una realidad que nadie puede ocultar. Arbus durante los años 60 logró ejecutar grandes trabajos en cada uno de sus disparos. Cuando visionó Freaks de Tod Browning, la belleza de la obra la atrapó e inspiró y fue un recuerdo imborrable que la persiguió durante todo su trabajo. Extrajo lo bello de la gente que parecía estar en las antípodas del canon y las hizo inmortales como son la propia verdad y la belleza. Porque Arbus con su cámara Rolleiflex derribó la mentira. “He aprendido a ir más allá de la puerta, a pasar del exterior al interior. Un entorno conduce a otro. Quiero poder seguirlo” afirmaba la fotógrafa neoyorquina.

Una sociedad a la que solo le interesaba una falsa perfección, la pose frente a la realidad, el sueño americano, esconder el amor pero mostrar la guerra. Arbus mostró los rostros de los olvidados, los invisibles para una sociedad que tapaba sus miserias con glamour. Algo que vivió desde su propia experiencia con el negocio familiar, y ella encuadró con su objetivo aquello que tenía oculto por la estricta educación recibida. Esos seres en el borde de la sociedad la hicieron convertirse en una gran fotógrafa, y fue a través de ellos, retratándoles, cuando ella se vio reflejada. Diane Arbus sufrió muchos episodios depresivos. Su inestabilidad personal y sensibilidad hicieron que sufriera diferentes estados emocionales. El 26 de julio de 1971, tras una larga depresión, la fotógrafa decidió quitarse la vida en Greenwich, Nueva York.


“Gemelas. Roselle. N.J.“. Fotografía de © Diane Arbus, 1967.


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