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Cristina Marrodán: "No me imagino una sociedad sin arte"

Actualizado: 3 jun 2021

Un artista recrea en su mente la idea de una obra, la imagina, y la llena de sentidos y significados. La completa en un todo para expresar y comunicar así al público su trabajo. Para Cristina Marrodán (Burgos, 1991), su materia es la luz y su lenguaje visual, donde extrae desde su idea los detalles para reflejar una realidad. Busca un espacio, así recrea y hace real lo que tenía en mente. Marrodán llena ese vacío desde la nada, como un lienzo en blanco o una hoja, y dibuja con objetos reales la verdad que quiere mostrar. Además, utiliza el cuerpo humano, la figura femenina, protagonista de su expresión, para recrear su mundo interior, para amplificar su sentimiento y representar una realidad que comunique al que mira el trasfondo y el sentido de su obra fotográfica. #cristinamarrodán

 

Retrato de Cristina Marrodán. Ilustración por Manuel De La Fuente / manuelsart.com (Inspirado en una fotografía de Cristina Marrodán)


La fotografía es un arte para representar la realidad, tanto en su forma imaginada como de un hecho veraz. Cristina Marrodán es como una pintora o una escultora que moldea o esboza con la luz y su encuadre la figura humana en una suma cuando dispara con las líneas del espacio o lugar recreado.


La burgalesa con solo 18 años ya tenía clara la necesidad de hacer profesional su vocación, para lo cual estudió en el EFTI Centro Internacional de Fotografía y Cine de Madrid. Desde entonces hasta la actualidad Marrodán ha recorrido un largo camino lleno de piedras y flores, y HUMANA magazine la entrevista para que nos cuente su vida y obra.


HUMANA magazine: ¿Cuál fue el primer impulso para dedicarse a la fotografía?

Cristina Marrodán: Aunque empecé muy joven a fotografiar, con 17 años, lo cierto es que siempre me frenaban muchos miedos que venían, principalmente, de la falta de confianza en mí misma. También había algunas creencias limitadoras, como que en este campo no encontraría una estabilidad económica o que no podría dedicarme a ello siempre. Hasta que no trabajé en mí misma y en todo lo que arrastraba, no me sentí capaz. Tras terminar el Máster de fotografía de bodas, allá por el 2017, decidí lanzarme de lleno de forma profesional. Aún con algunos miedos, pero muchos recursos que antes no tenía para hacer frente a lo que venga.

HM: Desde sus comienzos y los estudios en Madrid, ¿vio en la fotografía la vía para comunicarse y expresarse?

CM: Siempre ha sido una vía de comunicación. En los inicios era una forma de escape, lo enfoco sobre todo a qué siento, cómo puedo sacarlo a través del autorretrato. La verdad es que esos autorretratos fueron una práctica que me ha llevado muy bien cómo puede sentirse una persona delante de cámara, lo que pasa por su mente en ese momento y sobre todo, a cómo guiarla para lograr expresarse de forma natural.


“Las cosas que nunca te dije”. Fotografía de © Cristina Marrodán, 2019.


HM: El principal recurso de su lenguaje fotográfico es el cuerpo humano, en su caso la mujer. ¿Por qué? ¿Qué significado tiene para usted la figura humana?


CM: Me siento muy atraída por la esencia misma que nos compone. Por nuestra vulnerabilidad. No es tanto el cuerpo lo que me atrae fotografiar, sino lo que guarda en su interior. La mujer es el centro de mi trabajo simplemente porque yo también soy mujer.


Puede parecer muy simplista, pero tras mucho trabajo interior para llegar a tener una relación sana conmigo misma, he sido capaz de empatizar y crear conexiones más auténticas y profundas con otras mujeres.


HM: ¿El principal aspecto de su obra es comunicar?

CM: Yo diría que es hacer sentir algo, tanto a la persona que forma parte de esa fotografía como aquella que observa.


“Ante todo la fotografía es expresión, es una forma de emocionarse.” — Cristina Marrodán

HM: ¿Busca la belleza y la verdad?


CM: En la verdad reside la belleza, así que no la busco. En mi trabajo trato de conectar con el momento presente y mostrar su realidad.

HM: Es especialista en Boudoir. ¿Por qué utilizar ese lenguaje y estilo?


CM: Prefiero decir que realizo fotografía Boudoir para el auto reconocimiento. El Boudoir se entiende como una fotografía muy femenina, de “tocador”, donde cobra protagonismo la lencería, la sensualidad y la belleza. Para mí todo ello queda en un segundo plano pasando a ser el elemento principal; la conexión con una misma, con el momento presente y con el cuerpo, creando imágenes íntimas y delicadas, donde la mujer se reconozca en todo su esplendor.

Por supuesto juegan un bonito papel las prendas y el ambiente, pero son mero atrezo.

He encontrado en esta rama de la fotografía una forma de ayudar a la mujer a reencontrarse con su autoestima y su poder personal.


“Autorretrato”. Fotografía de © Cristina Marrodán, 2021.


HM: Su trabajo como fotoperiodista debe mostrar la realidad como es, ser cercano a la verdad. ¿Esto influyó en su obra de artista?


CM: En mi caso el trabajo más fotoperiodístico son las bodas y tiene puntos en común con el Boudoir, pero a la vez no, porque es una realidad más en buscar algo. En las bodas hay un fotoperiodismo de lo que fluye, lo que surge, sin pretensión. Un fotoperiodismo puro y duro. En cambio en el Boudoir es más artístico, porque hay una pretensión, un más allá. Entonces sí se decora un poco la realidad. El fotoperiodismo sí ha influido en mi obra artística, pero es más importante la influencia inversa, es decir, es la fotografía más creativa e intimista, el estilo Boudoir, lo que me influye en la cobertura de las bodas, me lleva a buscar esa belleza, ir un poco más allá. El campo creativo me ha ayudado a trasladar mejor eso al fotoperiodismo que realizo.

HM: ¿Fotografiar para usted es curar y crear dolor a la vez?

CM: Para mi propio proceso personal es curar. Pero antes de curar ha existido un dolor, inevitablemente. Es algo así como una enfermedad que antes de llegar a la cura debes pasar por un proceso doloroso. Es algo parecido a una especie de enfermedad, hay algo ahí que sientes que quema o que tienes que sacar. Al final el proceso sí es curativo pero al principio hay dolor. No se crea dolor, se va creando curación. Todo vendrá del proceso de cada persona, luego cada uno lo llevará a su manera pero para mí es curación.


HM: ¿Cómo es su proceso creativo?

CM: Aparte de curar, es también una necesidad de comunicar, de expresar. Ante todo la fotografía es expresión, es una forma de emocionarse. A veces todo parte simplemente de un fin, el que sea, puede ser el miedo, la vergüenza, normalmente parte de ahí una emoción o una sensación. Mi proceso creativo de un trabajo personal nada tiene que ver con el profesional.


Por ejemplo en un Boudoir, con una clienta, es algo muy profundo. Cada una es muy diferente y tiene una necesidades, busca sentirse de una manera y luego irse de la sesión de otra forma. Normalmente siempre buscan verse bien, guapas, todas. Pero también hay una necesidad de aceptación, mejorar la autoestima, la confianza en una misma, hay dolor. Dolores que quieren curar, meterse en un proceso de curación, cada una el suyo.


“Autorretrato”. Fotografía de © Cristina Marrodán, 2021.


Cuando vamos a hacer las fotos lo primero que hago siempre es tratar de traerlas a este tiempo presente, porque cuando te vas a enfrentar a un momento como es un Boudoir, requiere valentía y dar un paso importante. Ponerte delante de una cámara prácticamente desnuda requiere valor y has dado muchas vueltas a la cabeza, vienes con nervios, con una sensación de no saber que me espera. En parte sí lo saben porque ya han hablado conmigo y ven otros resultados, pero cada una en su propio proceso no sabe lo que le espera.


Entonces lo principal al empezar las fotos es traerlas al instante presente. Hacemos una visualización de cómo quieren que sea este momento, cómo quieren vivirlo, qué es lo que quieren sacar de sí mismas para traerlo aquí. Para mí lo más poderoso que tenemos es la mente y cómo podemos transformar un momento poniendo verdadera intención en que esa transformación ocurra. En el momento que ellas se imaginan cómo quieren sentirse en ese instante en el que ya están aquí, guapísimas, con su maquillaje, su lencería, mucho más fácil meterse en lo que están deseando sacar.

No me gusta empezar las fotos de lleno, en plan, venga ya estamos aquí, saco la cámara y a por ello. Eso no funciona. Traer al presente a la persona me parece la forma más bonita y real del fotoperiodista para afrontar una sesión así, en la que lo más importante es ese momento previo a las fotos. Además, es igual de importante que durante la sesión hay muchos picos de emoción. A veces en ese punto de venir al momento presente pues surgen las lágrimas porque hay muchas cosas contenidas dentro y cuando te paras a observar qué está pasando en el interior nacen el llanto, de emoción, de tristeza, de diferentes cosas.


¿Qué pasa? Que esa persona empieza en un momento como más bajo y va poco a poco subiendo hasta el momento más alto, de decir me veo bien en las cuatro fotos previas que me ha enseñado Cris y me gusto, me siento más suelta, soy capaz de sacar esa persona que quiero mostrar, llegando a momentos en los que bailamos, cantamos y es un poco fiesta, disfrutar de eso y celebrarlo en el presente. Luego vuelve a haber un momento de estamos arriba y volver abajo a donde hemos empezado y me parece importante porque las fotos al final no son las mismas.


“No me gusta empezar las fotos de lleno, en plan, venga ya estamos aquí, saco la cámara y a por ello. Eso no funciona.” — Cristina Marrodán

Las fotos del principio de una persona más comedida, con miedos, luego ves a una persona más valiente y fuerte. Al final en las últimas fotos veo mucha seguridad, confianza, y yo estoy aquí y me lo creo. Después de una sesión Boudoir yo me quedaba vacía, sin fuerzas, porque era una entrega personal y emocional tan fuerte que me costaba salir de ella. Me noto bien cuando empiezo con la sesión en el ahora y a lo largo de esta me involucro al cien por cien. Lo que ellas sienten pues lo siento yo también, es mutuo. Hay ese pico y el problema para mí es bajar de él, tanto un pico alto o un pico bajo supone para mí a veces terminar un Boudoir y tener que irme a la cama e irme a dormir. No puedo hacer nada, me agota y me deja exhausta por ser tan intenso. E incluso los problemas de la persona los llevo yo a casa.

Algunas personas tienen serios problemas con su cuerpo, con vivencias que han tenido y por el ansia de querer ayudar o querer que esa persona se sienta mejor, me involucro más y me agota. Esto hasta hace no mucho me sucedía y lo pasaba mal, porque al final es como que no termino de estar a gusto con lo que estoy haciendo, luego me quedo fatal por una cosa o por otra me quedo mal. Me encanta hacerlo pero no está siendo beneficioso para mí. Por eso en mi proceso creativo es muy importante marcar bien estas entradas, de “estamos aquí” y vivir esta experiencia a tope y volver a ese comienzo del estamos aquí. No quedarme todo el rato arriba o abajo, en ese pico. Estas sensaciones me ocurren en todos los trabajos en general: las bodas tienen también un punto álgido, igual que el trabajo personal, y en todos tengo que intentar cerrar ese círculo y no quedarme en los picos.


“Moon light. Fotografía de © Cristina Marrodán, 2018.


HM: ¿Qué centra su trabajo creativo actualmente?

CM: Ahora mismo es el Boudoir, pero me apetece que poco a poco vaya siendo más creativo y que haya un punto de irrealidad, un punto a partir de que la persona se sienta confiada y segura y podamos empezar a crear poco a poco algo más allá de lo proyectado, más artístico, incorporando elementos, jugando con la luz. Por ejemplo lo que he empezado hacer es incluir flores, normalmente los Boudoir han sido simplemente la persona en la habitación y la lencería, nada más allá. Pero me apetecía incluir un elemento como las flores. Porque ayuda a la persona fotografiada, siente que puede arroparse con ellas y puede utilizar las manos de alguna manera. Muchas veces no saben qué hacer con las manos y expresarse, a ellas las ayuda. Para mí las flores me ayudan a crear.

HM: En los círculos artísticos se tiene a menudo la visión de que en las instituciones educativas existe una anulación de la formación artística y cultural, y en hacer invisible al ser creativo. Desde tu experiencia personal ¿has observado que esta observación sea cierta?

CM: Sí, totalmente, hay una anulación. En mi caso, por ejemplo, lo que yo he ido viendo a mi alrededor, cuando llegué al punto de poder decidir entre estudiar ciencias o humanidades o arte con 17 o 18 años más o menos, es que ya te obligaban a tomar una decisión del camino de tus estudios. Hay personas que llevan dentro su vocación y despuntan desde muy temprana edad pero en mi caso no fue así en absoluto. Siempre me interesó el arte, siempre me encantó y es donde me sentía más cómoda y más yo. Pero no te preparan para eso, se ve como algo inferior, te preparan para otras cosas, para ser una mujer de provecho, con unos buenos estudios y un buen trabajo y esto no entra dentro de una formación artística, no se la valora igual.


“Autorretrato”. Fotografía de © Cristina Marrodán, 2019.


Poco a poco, sin que se note mucho, pues mientras avanzas en los estudios te van diciendo que deberías inclinarte por esto, igual es mejor, pero si a ti se te da bien la economía, y si dices que se te da bien dibujar ya te dicen que es para los ratos libres, para distraerte. No se le da importancia a nivel laboral, en los propios estudios, o de formación, eso es lo que vi. Entonces yo me decanté en su momento por estudiar Ciencias Sociales, me gustaba, sí, pero en el fondo no era lo que yo quería.


No sólo a nivel de instituciones educativas, sí, por supuesto, porque además por ejemplo donde yo estudié no había opción de Bachillerato artístico. También tu entorno, tu familia. Mucha gente ve que la persona que se ha decantado por estudiar Bellas Artes es porque no vale para nada.


HM: Sí una obra supera modas, o influye a otros artistas a lo largo de las épocas. ¿Para usted, sería el tiempo el proceso decisivo para decidir qué es arte?


CM: Sí, por ejemplo en el trabajo profesional fotográfico de las bodas, ahora mismo hay una moda de hacer cierto tipo de fotografías de bodas y editarlas de cierta manera, una moda muy marcada. Cuando esta moda desaparezca, dentro de poco, puede que de ahí aparezca algún artista porque de esa moda han sacado algo. Porque hay algo de ellos que va más allá de lo que se lleva. Puntualmente de las modas puede haber algo que despunte, y eso que sobresale hace crear otras modas diferentes. Sí, el arte se ve con el tiempo.

HM: ¿El arte contemporáneo está alejado de las necesidades del ciudadano? ¿Se ha olvidado de comunicar?

CM: En parte es muy elitista y al hacer esto lo que hace es cortar de raíz el vínculo con toda persona que le llegase a interesar. Personalmente el arte contemporáneo, a pesar de haberlo estudiado en la formación de arte, a mí no me ha llamado la atención en absoluto. Lo siento cercano porque lo vivo ahora, pero a la vez lo siento muy lejos, porque no consigo identificarme con nada. Puede ser por esa falta de comunicación. Se lo han llevado a un lado muy exclusivo, sí, elitista, y como yo no me considero de ninguna élite lo siento lejano, no me identifico con ello.


“Donde rompen las olas”. Fotografía de © Cristina Marrodán, 2019.


HM: ¿El arte está dirigido por una élite excluyente que decide bajo unos criterios propios y pasajeros?

CM: Esto mismo lo viví en mis estudios en EFTI, yo me presenté a un concurso de fotografía creado por la escuela sobre el tema de una postal de navidad, hice una foto en la que salía tumbada en el suelo, jersey de cuello alto rojo sobre fondo negro, pelo rubio ondulado a semejanza de las ramas de un árbol y había puesto unos adornos de navidad. Una foto normal, sencilla, jugando con esa idea, y la navidad. Era bonita y como postal navideña funcionaba. La fotografía que ganó, que no fui yo que quedé segunda, la persona que se llevó el primer premio estaba estudiando el máster dentro de EFTI, y todos los años siempre ganaba alguien que estudiaba el máster, siempre había sucedido así. Era una chica que había hecho una foto, creo que estaba desnuda en el Retiro y llevaba una caja de luz encima de su cabeza, sin nada más. La foto me gustó y a otras personas también, pero había mucha gente que opinaba que olía un poco raro porque por casualidad todas las fotos que ganaban premios en esta escuela tenían una línea muy marcada. Muy parecidas a esta foto que había ganado este concurso.


“ No es tanto el cuerpo lo que me atrae fotografiar, sino lo que guarda en su interior.” — Cristina Marrodán

Se creó un debate en la escuela de, “oye pero nosotros estamos aquí para meternos en esta moda vuestra que habéis creado o estamos aquí para ser nosotros mismos y crear nuestro propio arte. Porque lo que parece con todo esto es que queréis incentivar que la gente siga esta línea narrativa y visual, y si no lo haces pues no vas a conseguir el premio, no vas a conseguir nada”. Las becas que ha ido lanzando la escuela, pero tanto EFTI como la gran mayoría, la gente que ganaba estas becas estaban cortadas por el mismo patrón, se sabía quién iba a ganar. Esa élite que decide lo hace bajo unos criterios muy excluyentes y propios, dicen esto me parece bien a mí y punto.


HM: ¿Cuál es la importancia del arte en la sociedad? ¿Es vital para avanzar?


CM: Muy importante, no me imagino una sociedad sin arte. ¿Qué seríamos? Es algo inherente en el ser humano, yo no me lo puedo imaginar. Seríamos una sociedad muy infeliz y vacía. Al final por mucho que las instituciones o la sociedad venga a decirte qué tienes o no tienes que hacer o cómo hacerlo, es que dentro de ti ya está. Es muy difícil quitarle al ser humano su esencia. Todos somos arte y capaces de crear, unos en una medida y otros en otra, pero todos tenemos esa capacidad, somos seres creativos. Sería como quitarnos el poder respirar, el ser.


“De la luz”. Fotografía de © Cristina Marrodán, 2020.


HM: ¿Qué causas piensa que ha hecho que la cultura y el arte se alejen del público?

CM: Creo que vamos a vivir una nueva era en ese sentido. Lo ocurrido este año con la pandemia ha ayudado un poco a entender la importancia de la cultura y el arte. Ha hecho que se valore un poco más. A lo largo de los años como que hemos ido olvidando y alejándonos por esas causas y la vorágine de cosas que hacer importantes como el trabajo, la familia, etc. Pero cuando pones pies en tierra y paras un poco, dices que esto es también importante en nuestras vidas. Este tiempo ha servido para que haya un poquito de acercamiento. Las nuevas tecnologías hacen más fácil la proximidad al arte y su valoración.


HM: ¿Cómo afecta la pandemia en el día a día en su trabajo? ¿Estar confinada le concede más tiempo para crear o pensar, para aislarse interiormente?

CM: Al principio fue duro. El trabajo programado fue desapareciendo y surgiendo a su vez mucha incertidumbre. Sí que me llevó a un momento de reflexión muy profundo para evaluar en qué punto me encuentro, tanto personal como profesional y lo cierto es que fue justo lo que necesitaba.

El tiempo a solas me ha ayudado a conectar de nuevo con mis necesidades, un poco olvidadas en los últimos años, pero también a crear nuestras estrategias de cara a mi negocio. La incertidumbre se mantiene, pero me siento más preparada para lo que pueda llegar.


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