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En el límite de Lempicka

"Fui la primera mujer que hizo pinturas claras y evidentes; y ese fue el secreto del éxito de mi arte. Entre cien cuadros, es posible distinguir los míos. Y las galerías comenzaron a ponerme en sus mejores salas, siempre en el centro, porque mi arte atraía al público”, Tamara de Lempicka (1898 - 1980). La pintora polaca nacida en Varsovia el 16 de mayo a finales del siglo XIX y fue una de las primeras mujeres en lograr vivir de su trabajo como artista. #tamaradelempicka

 

Retrato de Tamara de Lempicka. Ilustración por Manuel De La Fuente / manuelsart.com


Tamara Rosalia Gurwitz-Górska, conocida como Tamara de Lempicka, se educó en una familia burguesa rica, en un entorno femenino y matriarcal que enriqueció su fuerte carácter y personalidad. Una mujer luchadora por sus ideales. Su padre, Boris Majsijewicz Gurwik-Górski, era un abogado ruso judío de alto prestigio que trabaja para una comercializadora francesa, y su madre, Malwina Garbryela Dekler, era de la alta sociedad judía.


Lempicka fue la segunda de tres hijos. Desde pronta edad sus padres se mudaron a San Petersburgo y posteriormente se divorciaron. En 1903 tras la separación su madre lleva a sus hijos cerca de sus parientes en Moscú. Su abuela y su tía formaron el carácter independiente de Lempicka, que fue internada en un colegio en Lausana, Suiza.


En 1907 viaja gracias a su abuela a Italia, donde descubre a los grandes maestros del Renacimiento y comienza aprender a dibujar. La abuela fue una gran influencia en el aprendizaje de las grandes obras pictóricas y en su apoyo por el arte. Desde pequeña se descubre su habilidad y capacidad de observación y control del color. Lempicka empieza a dibujar con acuarelas y llena sus primeros libros de bocetos donde se descubre su precoz habilidad con el dibujo.


“Mi objetivo nunca es copiar, sino crear un nuevo estilo, con colores claros y luminosos, y sentir la elegancia de los modelos.” — Tamara de Lempicka

En 1910 con doce años de edad hace un retrato a su hermana, considerado su primer trabajo. Todo a causa de que su madre encargó a un famoso artista los retratos de sus hijos en técnica pastel. Para Lempicka aquello tuvo un horrible resultado, tanto con el sufrido proceso de posar como el arte final, por lo que toma la decisión de dedicarse a la pintura.


“Mi madre decidió encargar unos retratos a una mujer famosa que trabajaba con colores pastel. Me senté quieta durante horas, fue una tortura. Más tarde, torturaría a otros que se sentarían para mí. Cuando terminó, no me gustó el resultado, no era preciso. Las líneas no estaban limpias. No era yo. Decidí que yo lo podía hacer mejor. No conocía las técnicas. Nunca había pintado, pero esto no era importante. Mi hermana tenía dos años. La obligué a sentarse y la pinté hasta que finalmente tuve un resultado. Era imperfecto, pero se pareció más a mi hermana que el que la famosa artista hizo de mí”, afirmaba la autora polaca.


“Nude with Sailboats “. Pintura de © Tamara de Lempicka, 1931.

Nuevos viajes a Italia con su abuela refuerzan su amor por la pintura, estaba decidida para ser una artista. A pesar de ese amor por el arte en época temprana no comienza su carrera en la adolescencia como sucedía con normalidad para la mayoría de pintores. Por desgracia un suceso fatídico marcó la vida de la autora: su hermano falleció en 1915 en la Guerra Mundial y Lempicka decide mudarse a San Petersburgo con su tía, mientras su madre se casa por segunda vez, ella toma la decisión de independizarse. La familia no estaba muy de acuerdo en que viva sola y su tío la presentaría al abogado Tadeusz Lempicki, (1888-1951) que sería su futuro marido. Lempicka se casaría en 1916 en la capilla de los Caballeros de Malta de San Petersburgo y hasta 1917 viviría en el lujo y tuvieron una hija, Marie Christine Kizette. Tras el estallido de la revolución bolchevique el marido es arrestado y ella tiene que huir a Suiza. Gracias al cónsul suizo y tras la visita de varias cárceles logran sacarlo y huir juntos a Copenhague. Finalmente se establecen en un apartamento de París.


“Young Lady with white gloves”. Pintura de © Tamara de Lempicka, 1930.


Es en la capital francesa donde Lempicka empieza a destacar como artista y en 1922 sus relaciones con el movimiento Art Decó la acercan de nuevo al arte. La situación económica de la autora en este periodo es precario, se ve obligada a vender sus joyas para subsistir. Pero gracias a su hermana Adrienne, que fue la primera mujer en Europa que terminó sus estudios de grado de arquitectura, la influye en que estudie arte y recuerda su gran habilidad con el dibujo.


Lempicka decide tomar clases de pintura en 1918, en primer lugar con Maurice Denis en la Academia Ranson y finalmente con quien más la influyera, con André Lhote en la Academia de la Grande Chaumière. Lhote fue muy decisivo para la autora como maestro, por convicciones y el estilo ligado al papel decorativo de la pintura y por sus intentos de mezclar la abstracción cubista con la perspectiva canónica de la figuración clásica. Así, Lempicka se identifica con un cubismo o geometría suave, pero rápidamente su estilo se impone y se hace único por encima de etiquetas.


“ Vivo en los límites de la sociedad, y las reglas de la sociedad no se aplican a aquellos que viven en el límite” — Tamara de Lempicka

En las primeras obras los temas principales son: en primer lugar su hija, seguido de su vecindario y numerosos retratos. Además su primera venta fue a través de la Galería Colette-Weil. Gracias a esta galería puede también exponer en el Salón de Independientes, el Salón de Otoño y el Salón de Menores de treinta años. Todo parecía encaminarse hacia el éxito, que llega en 1922 en el Salón de Otoño, donde firmaba con el apellido de su marido Lempicki para poder ganar el mismo dinero que un hombre en la venta de sus lienzos. Durante cinco años tuvo que firmar así sus obras, hasta que su género no importó ante la calidad de sus pinturas. El lienzo con el que destaca en la muestra es Retrato de una dama joven en vestido azul, que es su vecina Ira Perrot.


“Four nudes“. Pintura de © Tamara de Lempicka, 1925.


El éxito dorado

En 1925 tras la Exposición Internacional de Artes Decorativas e Industriales Modernas, siendo posteriormente quien da nombre al estilo Art Decó, comienza su éxito más internacional tras varios salones consecutivos donde sus cuadros fueron publicitados por periodistas de medios estadounidenses, como por ejemplo la revista Harper´s Bazaar y otras revistas especializadas en moda. El nombre de Lempicka se hace conocido, sus obras más cotizadas y aumenta su colaboración con revistas.


Estos hechos permiten a la artista poder montar su primera exposición personal en Milán, Italia, que estuvo organizada por el conde Emmanuele Castelbarco. La exposición estaba formada por 28 lienzos, de gran calidad y con su estilo personal creado en un periodo de ruptura en el arte iniciado por la abstracción y el cubismo. La artista tenía un estilo definido, por encima de modas y corrientes. Su gusto por la arquitectura y la decoración influyen en su forma de pintar. Comienza la autora un periodo, desde 1927, de éxitos y premios en concursos de arte. En 1929 se divorcia de Tadeusz y en 1930 se traslada a la Rue Mechan en París, en un apartamento que decora junto al arquitecto modernista Robert Mallet-Stevens y su hermana Adrienne de Montaut con mobiliario de Rene Herbst, cofundador de la Unión de Artistas Modernos (UAM). El espacio que crean se hace famoso y aparece en revistas de decoración y de la alta sociedad francesa.


“Adam and Eve”. Pintura de © Tamara de Lempicka, 1931.


En 1934 se vuelve a casar, esta vez con el Barón Raoul Kuffner, que además era su patrón junto al Doctor Boucard. Lempicka demostraría a lo largo de su historia vital y profesional su fuerte capacidad e independencia en un mundo de hombres, siempre con el apoyo de la alta sociedad que le permitía afrontar sus retos sin problemas económicos.


“Vivo en los límites de la sociedad, y las reglas de la sociedad no se aplican a aquellos que viven en el límite”, afirmó Tamara de Lempicka una vez. Porque ella siempre se consideró una privilegiada, incluso especial, que se interesaba casi siempre por mantener relaciones con los círculos aristocráticos de la vanguardia de su tiempo. Tuvo una gran visión para relacionarse con esos personajes de la alta sociedad que le encargaban sus retratos; gracias a esa venta continuada de obras pudo mantener su nivel de vida.


“Woman whit Dove”. Pintura de © Tamara de Lempicka, 1931.


Lempicka amaba el arte y la aristocracia por igual. Su declarada bisexualidad era tolerada en esos círculos de la alta sociedad donde ella se movía y está claramente reflejada en su obras. Sus lienzos son una celebración del cuerpo de la mujer, en todo su esplendor y fuerza, pura expresión de la belleza y la atracción sexual. En pinturas como Grupo de cuatro desnudos de 1925 o en La bella Rafaela de 1927, se puede observar lienzos con primeros planos de desnudos femeninos, figuras en posición sexual y el estilo geométrico, delineado, con un detalle y perspectiva que alzó a la artista en el paradigma del Arte Decó. Es indudable la influencia directa de la pintura de los maestros del siglo XIX, autores que ella pudo observar en vivo en sus viajes por Europa desde pequeña.


No podemos dejar pasar sus trabajos para las revistas más exclusivas y famosas de su época. Desde finales de la década de 1920, Tamara de Lempicka tiene encargos para ilustrar portadas, páginas interiores, o publicidad para estos medios de comunicación. En 1929 realiza una de sus obras más icónicas, reconocida y recordada, Autorretrato en un Bugatti verde, que se convierte en la referencia de la pintura Art Decó. En esta obra la artista se pinta a sí misma en una posición claramente masculina para la época, conduce un coche con una mirada desafiante y segura de su actitud, una declaración de intenciones. El lienzo fue en realidad un encargo para la portada del magazine de moda alemán Die Dame que convirtió a la obra en el máximo exponente del estilo inigualable de Lempicka. Pero comienza la Gran Depresión y la artista ve reducida su producción de cliente por la incipiente crisis.


“Kizette in Pink”. Pintura de © Tamara de Lempicka, 1926.


La decadencia de una época dorada


Con la Segunda Guerra Mundial a punto de estallar, en 1939 se traslada a Estados Unidos. Lempicka elige un lugar acorde con sus ideales y su mundo pictórico, Hollywood. Pero allí no es recibida con el prestigio que ella deseaba, se la considera una autora que usaba el arte como entretenimiento, una rica que pinta para no aburrirse. Durante la década de los 30 y los 40 ella siguió exponiendo por Europa, por ejemplo el Salón de Artistas Femeninas de París. También con muestras en solitario donde demostraba su maestría y su evolución pictórica como en la Courvoisier Gallery en San Francisco y en la Julien Levy Gallery de Nueva York. La pintura de Lempicka nunca fue una ruptura con el pasado, era una mezcla entre tradición y modernismo, donde podemos apreciar su amor por el Renacimiento y su estudio por los grandes maestros, todo unido a su búsqueda del detalle y de la excelencia.

En 1949 decide mudarse con su marido a la otra costa norteamericana, en un dúplex de Nueva York, donde retoma un estilo más clásico inspirado en los maestros como se aprecia en sus lienzos de los años 30. Sin olvidar que la artista mantuvo su gusto por la decoración, y se dedicó al interiorismo creando proyectos para los personajes de la alta sociedad estadounidense.


“The Slave, Andromeda“. Pintura de © Tamara de Lempicka, 1929.


Durante este nuevo periodo Tamara de Lempicka comienza a investigar en nuevas tendencias del arte. Explora nuevos movimientos artísticos: abstracción, surrealismo, hiperrealismo, pero no obtuvo éxito en la exposición en la Lola ‘s Gallery de Nueva York donde presentó sus últimos trabajos.


El incipiente expresionismo abstracto desplazó el interés de la crítica por la obra de la autora y este fue uno de los principales motivos para que no volviese a exponer, aunque eso no desmotivó a la autora que sí siguió pintando.

La década de los 60 fue una época para la artista de búsqueda y renacer. El fallecimiento de su marido en 1961 y los viajes a Pompeya que realizó Lempicka supusieron una nueva forma de crear y de generar un nuevo proceso creativo.

Decide viajar a Houston para estar cerca de su hija, y seguir pintando para volver a ser reconocida como la gran artista que era, pero no sucedió como esperaba.

“Portrait of Ira Perrot“. Pintura de © Tamara de Lempicka, 1930.


El oro nunca pierde su valor

No es hasta la década de 1970 cuando la obra de Tamara de Lempicka vuelve a ser considerada como se merece. En París el Art Decó vuelve a ser descubierto y apreciado por las nuevas generaciones de artistas. Dos propietarios de nuevas galerías, Alain Blondel e Yves Plantain, contactan con la artista para exponer sus obras. Aunque ella es reticente al principio, ellos recalcan su interés por las obras que hizo en su época dorada y en su estudio descubren trabajos aún no expuestos y conocidos. Estos tesoros son mostrados en una exposición en solitario en París, en el Museo de Luxemburgo donde triunfa y es aclamada como se merecía. Su obra reflejaba una época de lujo pero también de decadencia y por eso se convierte en un legado histórico de su tiempo.

Durante estos años la artista puede disfrutar de nuevo del éxito, numerosos homenajes y publicaciones de libros sobre su vida y obra. Se desplaza definitivamente a Cuernavaca, México, donde fue su último lugar de residencia hasta un 18 de marzo de 1980 cuando falleció mientras dormía. Su cuerpo fue incinerado y como deseaba sus cenizas fueron esparcidas en las faldas del volcán Popocatépetl.


“Two female nudes“. Pintura de © Tamara de Lempicka, 1930.


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